Nuestro sistema de transporte en deuda.
En la presente editorial queremos partir desde un enfoque humano del transporte y su importancia en la calidad de vida de las personas. El transporte no es solo un medio técnico de desplazamiento, sino una de las condiciones esenciales del habitar humano. En esta línea, el arquitecto y urbanista Le Corbusier (1887-1965), uno de los principales referentes del movimiento moderno, sostenía en la Carta de Atenas (CIAM, 1942, p.15) que “las claves del urbanismo se contienen en las cuatro funciones siguientes: habitar, trabajar, recrearse (en las horas libres) y circular”. Estas funciones, entendidas como pilares de la ciudad moderna, nos recuerdan que la planificación y la operación del transporte es inseparable de la manera en que vivimos y compartimos el espacio urbano.
Casi un siglo más tarde, el urbanista Carlos Moreno propone el concepto de “ciudad de 15 minutos”, que plantea reorganizar el territorio urbano para que cada persona pueda acceder a servicios esenciales —trabajo, educación, salud, cultura, recreación— a una distancia caminable o en bicicleta. Esta visión recupera la idea de integrar las funciones urbanas, pero las adapta a una escala más humana, priorizando la proximidad, la movilidad activa y el tiempo como recurso vital en la vida cotidiana.
En el presente, el debate sobre el transporte urbanotambién implica cumplir los compromisos internacionales que Chile asumió en el marco delAcuerdo de París (2015) y de su Contribución Determinada a Nivel Nacional (NDC). El país secomprometió a limitar sus emisiones netas de gases deefecto invernadero a un máximo de 95 MtCO₂equivalente al año 2030, alcanzando su punto máximo de emisiones en 2025.
La firma de este acuerdo no solo conlleva uncomponente práctico, si no un profundo compromisocon los 30 objetivos de Desarrollo Sostenible, entre losque se cuenta el compromiso de acciones concretastendientes a promover Ciudades y comunidadessostenibles (ODS11), Acción por el clima reduciendoemisiones de GEI entre otros (ODS13), Salud yBienestar de las personas (ODS3) y Energía asequibley no contaminante (ODS7), que impulsan accionesconcretas para transformar el transporte en unaherramienta de equidad, salud y sostenibilidad ambiental.
En el área del transporte, esto supone fomentar sistemas de transporte público eficientes, seguros y equitativos; integrar la bicicleta y las ciclovías como ejes de movilidad cotidiana e incorporar tecnologías que mejoren la gestión del tránsito y promuevan ciudades más inteligentes.
El transporte de nuestra ciudad parece lejano a esta visión humana, saludable, segura y consciente con nuestro medio ambiente. Hemos recibido noticias que han golpeado a nuestra comunidad, una de ellas enlutó nuestra ciudad enmayo del 2024, cobrando la vida de uno de nuestros queridos estudiantes del Liceo Eduardo de La Barra. Después de la pandemia, el transporte público de Valparaíso nunca se recuperó. Lo podemos percibiren las largas filas en los paraderos en las horas punta, y en la escasez de locomoción en ciertos horarios. Por otra parte las malas noticias provienen de la gestión, reflejada en las permanentes demoras,errores administrativos y de comunicación intersectorial, que han llevado a fracasar y/o retrasar múltiples licitaciones (ascensores detenidos desde el 2006, buses eléctricos, renovación de flota desde el 2008), además la falta de fiscalización del sistema, y de formación y certificación de los conductores del transporte público, de modo que el servicio deje de depender de la precariedad laboral y responda a estándares de seguridad y calidad.
Nuestro sistema de transporte pasa por una crisiscompleja, considerando que Valparaíso es una de las 10 comunas con mayor población en nuestro país. Es por eso que en este número invitamos a 6 actores relevantes de nuestra comunidad acompartir sus inquietudes, visiones y propuestasrespecto al transporte público de Valparaíso.