Lecciones a 22 años de la declaratoria de patrimonio mundial.

¿Es momento de entrar a la Lista del Patrimonio Mundial en peligro?

El Pancho nació en julio del año 2003. Hoy tiene 22 años y está en su último año de universidad. En su vida experimentó algunos problemas, pero se hizo más fuerte, más inteligente y capaz. Hoy tiene muchas expectativas sobre su futuro.

Hace 22 años Valparaíso pareció renacer. Entrado el nuevo siglo, un organismo internacional dijo: “Sí, Valparaíso es importante para la humanidad”. Y el Estado de Chile replicó: “Y yo me comprometo a conservarlo”. Es más, fue el Estado quién pidió esa nominación. Partió la etapa de Valparaíso Patrimonio de la Humanidad.

El pasado de Valparaíso se convertía en su futuro, revalorizado ahora como patrimonio, y el título representaría la semilla de un nuevo motor económico, reconociendo la pérdida del puerto como el gran generador de empleo. Nuevos derroteros, como el turismo o la economía creativa, alejarían a la ciudad del estancamiento denunciado por décadas. Valparaíso entraba con nuevas expectativas al siglo XXI, ligando a ese futuro lo mejor de los dos siglos anteriores.

Pero ese renacer pronto se vio truncado. Incendios, explosiones, falta de programas, más incendios, abandono, inexistencia de una cabeza institucional, un municipio desbordado y una ausencia total del Estado central, han sido la tónica.

Últimamente se ha dicho que el gran problema es que el 87% de las propiedades en el casco histórico son de propiedad privada. El porcentaje es tan cierto como falso que sea la causa del problema. Y la propuesta es obvia: expropiar. ¿Expropiar para tenerlos igual que los ascensores? ¿O convertido en un sitio eriazo como el ex Palacio Subercaseaux? ¿Qué decir de los proyectos fallidos como el edificio de Neurociencia o la Escuela Barros Luco? El paseo Wheelwright es disfrutado en la misma medida en que se obvía su estado. ¿Qué hubiese sido del edificio conocido como “La Ratonera” de haberse expropiado? ¿Sería un centro de educación superior? ¿O continuaría abandonado pero adornado de proyectos, maquetas y anuncios de recuperación?

Esta editorial sería distinta si el Estado pudiera mostrar, con orgullo, todas sus propiedades bien conservadas, obras concluidas y políticas de reactivación implementadas. El Mercado Puerto pudo haber sido el ejemplo, pero no.

Si no fuera por su abuelo, el Pancho sabría poco del pasado de Valparaíso. A sus 22 años, jamás tuvo una asignatura en el colegio ni en la universidad sobre la historia de Valparaíso. Y cuando recorre su ciudad, tampoco encuentra un espacio para entender por qué es un Patrimonio de la Humanidad.

¿Qué hacer entonces? Desde el Pionero pensamos firmemente que el remezón para que el Estado atine es entrar a la Lista de Patrimonio en Peligro de la Unesco. Pero tampoco basta. Esta vez, el proceso debe hacerse CON la gente. La lección del 2003 es que una nominación internacional, por sí sola, no cuaja si la ciudad no participa del proceso.

Queremos poner en debate dos propuestas:

1. Levantar el gran museo del patrimonio porteño en el corazón del Barrio Puerto integrando a la comunidad en su gestación.

2. Impulsar la creación de un organismo publico-privado dedicado a la administración de los sitios Patrimio de la Humanidad, radicado en una región, con financiamiento estable y que trascienda el ciclo electoral.

La idea es que el Valparaíso sea como el Pancho, con expectativas de un futuro mejor

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