El potencial no basta, hay que concretar.
Valparaíso, la joya del Pacífico, fue la capital comercial de Chile en el siglo XIX, un nodo global de intercambio y prosperidad. Hoy, en el siglo XXI, asistimos a un declive lento pero persistente. Las empresas se marchan, el comercio establecido pierde terreno, y el comercio ilegal elude los esfuerzos de las autoridades por contenerlo.
Sin embargo, las urgencias del día a día no pueden nublar la visión a largo plazo. Mirar el horizonte es, a veces, mirar lo que está sucediendo en otras latitudes de Chile, donde las ciudades están demostrando que el "centralismo" no es la única excusa para la inacción.
Hay señales potentes fuera de la Región Metropolitana que nos obligan a ser autocríticos.
- Concepción: La Universidad Que Articula. Si bien muchas ciudades chilenas con universidades se han autodenominado "ciudades universitarias", en Concepción el discurso se está traduciendo en hechos concretos. El Centro Tecnológico de Manufactura Avanzada 4.0 para el Bíobío es un ejemplo claro. Esta iniciativa es el resultado de una alianza estratégica y robusta entre la Universidad de Concepción, la Universidad del Bío-Bío y la Siderúrgica Huachipato, con el apoyo de Corfo. Es la prueba de que la academia, la industria y el Estado pueden converger para crear programas de alto impacto.
- Puerto Varas: La Articulación Sin Universidad. Aún más sorprendente es lo que ocurre en la Región de Los Lagos. Puerto Varas, una ciudad sin una masa crítica de universidades, ha logrado posicionarse como un polo de innovación a través de programas como StartUp Los Lagos, el Centro Tecnológico de Economía Circular, Región 4.0 y Los Lagos Digital. Esto demuestra que la falta de una gran casa de estudios no es una barrera insalvable si existe el liderazgo y la voluntad de articular a los actores.
¿Qué está pasando en Valparaíso?
Valparaíso posee una de las concentraciones de Universidades de Excelencia más altas del país: la Universidad Técnica Federico Santa María (USM), la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso (PUCV), y la Universidad de Valparaíso (UV), entre otras.
Nuestro potencial es igual o superior al de Concepción. Pero mientras Valparaíso debate sus problemas históricos, Viña del Mar está capitalizando las oportunidades. Recientemente se anunció la instalación de proyectos clave, como StartupLab (para la red de espacios especializados en Emprendimientos de Base Científica-Tecnológica) y el Centro Chileno de Supercómputo para Inteligencia Artificial Aplicada (CSIAA), programas que pudieron haber aterrizado en nuestra ciudad.
Patrimonio y Creatividad: El Otro Motor a Plena Máquina
Si bien la base científico-tecnológica representa una vía urgente y necesaria para el desarrollo, Valparaíso no debe darle la espalda a su identidad y su vocación histórica. Declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, la ciudad posee un motor patrimonial y turístico único que hoy opera a media máquina.
Se necesitan proyectos concretos de gran calibre que consoliden este potencial: desde la creación de un gran Museo del Patrimonio de Valparaíso, que actúe como un centro cultural y educativo de clase mundial, hasta el diseño y fomento de un Distrito Creativo específico para incubar y potenciar las industrias culturales. Este distrito, articulando diseño, música, artes visuales y gastronomía, puede generar valor, empleo de calidad y revitalizar espacios públicos de forma sostenible.
La Propuesta: Un Contrato Social-Productivo
Si Valparaíso quiere ser un polo de desarrollo, debe transformarse en un destino atractivo para las compañías de base tecnológica y las empresas creativas.
¿Cómo se logra?
- Incentivos Tributarios y Subsidio a la Infraestructura: El municipio, el Gobierno Regional y el Congreso deben coordinarse para ofrecer un paquete de incentivos que reduzca el costo de operación de estas empresas en zonas designadas.
- Vínculo Empresa-Universidad Obligatorio: A cambio de estos subsidios, exigimos un compromiso concreto: la empresa debe vincularse formalmente con las universidades locales, contratando a investigadores a mitad de tiempo y estableciendo programas de aprendices con los estudiantes.
Ganan los científicos, artistas, técnicos e ingenieros que tienen dónde aplicar su conocimiento. Ganan las universidades que transfieren tecnología y ganan recursos. Y, fundamentalmente, gana la ciudad, desde el dueño de la cafetería en la plaza Anibal Pinto, el local de "completos del Otro K-nibal", hasta los helados York.
Valparaíso tiene todos los ingredientes —el capital humano, la infraestructura, y la historia— para tener programas igual de potentes que Concepción o Puerto Varas. Lo único que nos falta es el liderazgo decidido que articule la academia, la industria y el futuro. Dejemos de mirar el centralismo; miremos al espejo y reconozcamos que el desafío es nuestro.